Esta es una frase de tira cómica con algo de humo negro, sin embargo, creo que es una sensación que todos hemos tenido en algún (os) momento (s) de nuestras vidas.
Esa idea de querer renunciar a todo y recomenzar de nuevo, donde sea, como sea, desde donde sea, pero como seres nuevos. Reinventarnos, re descubrirnos.
Creo que esta sensación va muy de la mano con el descubrimiento de algo que creemos que no tenemos, no hemos tenido en un largo periodo o que no podemos tener en las circunstancias actuales. Meditando en ello es que llego a hacer un cruce con la fé, donde el principio es que todo es como y cuando debe ser, y el "miedo a renunciar" la imposibilidad de dejar pasar esas oportunidades nos limita a encontrar nuevas y excitantes oportunidades, así como una muestra de que la fe se tambalea entre nuestro orgullo y nuestro destino.
Quizá para quienes no creen en Dios (independientemente de cual) sea complicado retener o aceptar la realidad de que lo que no es para mi debo dejarlo ir.
Si bien es cierto, debemos estar atentos a las oportunidades y anuentes al cambio, también debe ser concienzudo sobre el momento oportuno para realizarlo, de manera que tengamos una planificación que nos ayude a afrontar los retos que se avecinan con las nuevas experiencias y el carácter reforzado para poder pasar esas primeras tribulaciones.
Ahora que sé que necesito un cambio, debo tomarme el tiempo, de por lo menos un año, para planificar, preveer su impacto y ajustar mi plan de vida para los años venideros.
Claro está que todo eso en manos de Dios y siempre atento a donde él cree que me necesite para su plan divino.
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